Voy a relatar una parte de mi historia, nací con una pequeña discapacidad auditiva, la que se potenció después de los 7 años porque el sarampión me golpeó fuerte y se llevó ese tesoro grande, que son los oídos. Pero aún podía escuchar un poco y me defendía bastante; lo más difícil de sobrellevar fueron los “propios prejuicios” con los que cargué por mucho tiempo y que hoy, gracias a Dios, vivo más en paz.

En el pueblo donde nací pocos sabían de mi sordera, siempre trataba de disimularlo haciéndome la antipática: si no saludaba a nadie no daba oportunidad de conversación y así era más fácil. Lo malo era que con esa actitud era una solitaria y moría por tener amigos y socializar con todo el mundo. Dolía mucho pero era demasiado sensible y llena de un estúpido orgullo, tan solo hacía falta que alguien me interrogara ¿sos sorda? para que me pusiera a llorar. La adolescencia fue peor, es más, cometí muchos errores por no enfrentar mejor las adversidades. Las frustraciones fueron muchas, estudiar era difícil, en lo laboral los sordos estábamos limitados a trabajos de bajo status e infinidad de cosas que hoy están cambiando. Los audífonos ayudaban pero no era suficiente y recuerdo aquí a una amiga hermosa que quiero mucho, Betsy Cano, que me sugirió en una ocasión que aprendiera LSA y yo que me cerraba y no quería aceptarlo. Unos años después, como ya conté al inicio del blog, me integré con otros sordos y fui aprendiendo señas.

Quiero contarle a quienes tienen un hijo, hermano, o cualquier familiar o amigo sordo que para mi sorpresa descubrí que el mundo de los sordos signantes es distinto de lo que muchos creen. Ellos no sufren como los medio sordos (o medio oyentes) que siempre añoramos y soñamos con los sonidos perdidos, en sus grandes comunidades también están más informados, se sienten libres y llevan una vida que para ellos es casi normal y en algunas ciudades, gracias a la difusión de la lengua de señas, pueden estudiar con el apoyo de un intérprete. Lamentablemente esto no es una generalidad, pero en algunos lugares hay muchos sordos, como varios de mis amigos, que siguen carreras universitarias (la formula: las señas y el intérprete, un poco de lectura labial, algo de lo que les da un audífono y mucha experiencia visual para entender lo que está ocurriendo).

Para que tengan idea de lo que estoy contando me tocó vivir una experiencia que me desarmó y reveló la importancia de las señas. En una presentación del Coro Manos que Hablan del cual también fui integrante, entre la muchedumbre que asistía, se destacó con crudeza la desesperación de un niño sordo de no más de siete años, el que se abría paso hacia nosotros arrastrando a su hermanita no mucho mayor que él porque había intuido que esas personas estaban comunicándose por medio de sus manos, era evidente que él lo había entendido y en su triste (y la nuestra) desesperación, quería saber cómo comunicarse como nosotros. Corría entre nosotros, nos tiraba de las manos, nos pedía ayuda; y nosotros, los del coro, llorábamos todos. No les puedo explicar la carga e impotencia que esa criatura guardaba dentro de si, un caudal de “cosas” que quería decir y escuchar estallaban a gritos y en su desesperación sólo podía llorar cuando entendió que nosotros nos íbamos a ir sin darle la mágica solución que esperaba. Nos fuimos muy tristes porque para c
olmo era un niño a cargo de una obra de caridad y evidentemente por su vestimenta y la de su hermana, de familia muy pobre y que seguramente estaban más preocupados por sobrevivir al hambre que a sus necesidades. Este niño es uno de los tantos que “viven” en similares condiciones: sin una lengua no hay un ciudadano. Reflexionemos como podemos hacer para ayudarlos.

Cuando cuento esta vivencia no dejo de llorar. Por eso, para alegrarlos y alegrarme les voy a contar de otro amigo, que hoy estudia en Italia. El nació sordo y ya de grande, se implantó; y contándome sus porqués, me apoyó con mi decisión al decirme que era una muy buena opción. Entonces le pregunté porqué no usaba el suyo (el MP7 como dice Pepe) y respondió que a él le fue fenómeno porque pudo oralizarse y adquirir la lectura labial que le estaba faltando lo que le ayudaba bastante en su comunicación con los oyentes, pero que se sentía más cómodo y tranquilo con las manos. -Yo nací con esto y me gusta más, así que después de aprender a leer los labios, lo guardé en un cajón y ahora voy más feliz por la vida sin complicarme.

Algo es muy claro los sordos prelocutivos preferentemente deben ser implantados a la más breve edad posible, deben ser necesariamente signantes y deben ser oralizados lo mejor posible. El tratar solamente de oralizarlos por parte de sus familias y profesionales médicos, incluso algo que les exige la sociedad, no les soluciona sus vidas sino la de los oyentes. El esfuerzo lo deben realizar los normo oyentes no los discapacitados. Pero así estamos.


Esto me lleva a expresar algo que me sorprendió muchísimos también, y es que la mayoría de las familias de los sordos no aprendieron la LS y con ello, o mejor dicho, por culpa de ello se pierden compartir “la vida de la persona sorda”, sus preocupaciones, alegrías, confidencias y las cosas cotidianas de la vida. ¡Mamá, Papá¡, no alcanza con que vos lo sobreprotejas y lo cuides como un niño; seguramente tu hija/o desea compartir, comunicarse, charlar armoniosamente con vos. Haz vos el esfuerzo y conviértete en un signante cosechador de las alegría del tuyo porque no es grato para un sordo “charlar” a los gritos, o con gestos desaforados y ridículos que no terminan de entender ni uno ni otro.
Ambos, pero más el sordo, termina por sentirse incómodo y evita todo lo que puede esas situaciones. Por eso, el mundo del sordo es su grupo de amigos sordos. Entre ellos comparten todo lo que no pueden hacer en casa. El sordo con lenguaje de señas tiene una postura diferente, su autoestima es más alta, se sienten más seguros, son muy divertidos y extrovertidos y cuando tienen confianza con alguien no signante, hasta le toman el pelo, se creen superiores. Es sumamente simpático y reconfortante verlos así.

Lo digo, como dice la propaganda en la tele, “porque yo estuve ahí”.

En realidad, sigo estando en las dos partes, soy mitad y mitad, tengo problemas en ambas, pero aunque en el medio, he encontrado mi lugar.

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