Hola, feliz de compartir nuevamente con ustedes.

Vuelvo a mis 23 años, -casi ayer jeje-, después de haberla remado por muchos años con muchas dificultades, me convencí que quizás el audífono no era tan feo, y decidí aceptarlo, fue magnífico todavía me acuerdo era un “Widex A12” no sé si todavía existen, lo conseguí por el Ministerio de Bienestar Social. No podría olvidar esos detalles si ahí fue donde conocí a mi esposo, él tenía una representación de Widex. Fue muy simpático cuando nos conocimos porque yo estaba en la recepción hablando del tema con su secretaria y él, de una oficina contigua me escuchaba, ya que hablaba fuerte y según él tan gracioso que no pudo contenerse diciéndose, tengo que conocer a esa personita, imaginen tenía 23 años y hablaba como de 5, y ¡wow! quedó flechado con la “sordita” jaja, (lo puse entre comillas porque no me gusta), suena lastimoso prefiero sorda y en esto coinciden mis amigos que opinan igual jaja.

No esperé mucho, a los dos meses me avisaron que había llegado. Cuando me lo pusieron fue mágico, escuchaba sin leer los labios, jamás lo olvido, vivía molestando a todos, habláme de atrás a ver si escucho, desde la otra habitación, de la calle…... Realmente no lo podía creer y me arrepentí por todos esos años perdidos sin usarlo. Salir a la calle era terrible, sentía que los autos me atropellarían si no cruzaba corriendo, hacía muchos papelones por temor. Aun con todas las ventajas que me daba, luchaba con los prejuicios que tenia a esa edad, me parecía horrible visualmente y no quería que nadie lo viera aunque era evidente el cambio para los que me conocían, muchas veces quise prescindir de él, como si me revelara a usarlo e intentaba dejarlo pero eran tantos los tropiezos que volvía y me lo ponía ¡uff! qué alivio y ahí creo empecé a amarlo (dicen que el amor a veces nace de la necesidad).

Con el audífono fue así no lo dudo. Cambió mi vida, fue la época que mas disfruté de los sonidos, y éstos mas la lectura labial que había desarrollado increíblemente, hacían que pareciera oyente y así me sentía, escuchaba la música, el teléfono, las voces graves las escuchaba perfectas ya que agudos nunca tuve. También con ayuda profesional empecé a hablar mejor, veía que ya no me miraban sorprendidos cuando hablaba. Era feliz y creo que se lo decía a todo el mundo.

Debo aclarar que no todas las personas obtienen el mismo resultado al escuchar mediante un audífono, algunas con menos discapacidad que la mía no consiguen los mismos resultados. Tuve la suerte de ser de esas (pocas) personas que logran magia con él, que felicidad!

Como ya saben, ese 10% que escuchaba más lo que me daba el audífono que era mucho para mí, se fueron esfumando y volví a tener serias dificultades. A los 34 años los médicos ya me hablaban de la posibilidad de un implante, pero no era fácil, es una operación muy cara y las posibilidades de conseguirlo eran escasas.

Casi sin darme cuenta, me volví solitaria, no me gustaban las reuniones, me aburría y solo disfrutaba de aquello que visualizaba. En una oportunidad mi esposo quería ir al teatro a ver a “Les Luthiers” y nunca hacía nada que no pudiera compartir conmigo, decidí acompañarlo, él merecía mi esfuerzo, pensaba que si me concentraba en las luces y lo visual no sería tan malo, fue un fiasco, el espectáculo de “Les Luthiers” no tiene nada de luces ni de visual, hay que escucharlos, según parece son muy buenos y graciosos. En la oscuridad de la butaca miraba como todos se descostillaban de risa y me sentí invadida por la amargura de no escuchar, y me puse a llorar en silencio, quería salir a tomar un café y ver la gente pasar, eso era maravilloso para mí y lo sigue siendo, pero no quería arruinar la velada a mi esposo, igual se puso triste cuando salimos y se dio cuenta, que precioso me acuerdo que me dijo, nunca más gordita no me hace falta el teatro para ser feliz, vamos a un café.

Con esa actitud, seguramente hacía que mi esposo y mi hijo se adaptaran a mis costumbres, privándose de otras que seguramente disfrutarían. Aunque no todas eran desventajas para ellos jaja, en casa a veces se vivían situaciones que para otros serian desopilantes, en un mismo ambiente mi hijo escuchaba música o tocaba la guitarra mientras Hugo trabajaba en la compu y yo veía tele sin sonido y ahí nadie molestaba a nadie. Hoy eso está cambiando después del implante.

Obviamente en mi interior tenía anhelos de otras cosas y ahí es cuando conozco a la comunidad sorda. Así como dije que mi mejor época en el mundo de los sonidos fue cuando tuve el audífono, la mejor de sorda la pasé cuando me integré con los sordos, volví a ser feliz, cuanto teníamos para compartir, era dichosa, pero de esto hablaré en otro post.

Cuando tuve la posibilidad del implante, lo que más me atraía era la posibilidad de escuchar la música, ya que siempre cantaba en señas y pensaba, que si la escuchaba, me sentiría completa, porque amo la música, cosa que no puedo compartir con mis amigos, a ellos no les interesa mucho porque nunca la escucharon y no tienen idea de lo maravillosa que es, quizás sea mejor, para que añorar lo que no se puede tener. También pensé que el implante sería bueno por mi familia, si lograba escuchar compartiríamos mas, los había abandonado un poco por ese mundo nuevo y bello que había encontrado.

Hoy implantada puedo volver a integrarme de alguna forma con oyentes. Y me gusta, pero ahí dentro mío sentía un desosiego que no podía descifrar y leyendo el blog de Olivia que es una amiga implantada, encontré respuesta a esos ecos interiores, ella le ha puesto toda su pila al implante y ha tenido grandes logros, ayuda y da fuerzas a aquellas personas que deciden implantarse. A Oli le sugirieron las señas antes del implante, y en un pasaje de una nota suya dice “ Y para qué? Para hablar con quien? No conozco sordos, tengo que borrar a todos mis amigos y conocidos y empezar de nuevo?. No lo deseaba……”. ¡Ohhh! he aquí la respuesta, eso me está pasando a mí; prácticamente todos mis amigos son sordos y los oyentes saben señas, no puedo dejar todo eso pero también me encantan los sonidos y quiero logros para tener una mejor comunicación con mi familia que es oyente y creo que se merecen que siga esforzándome.

Cuál es la solución?, ya tengo la respuesta “en el medio” ese es mi lugar. Quizás mi recuperación sea más lenta, quizás no sea el camino más fácil, es difícil equilibrar en dos fuerzas tan distintas pero de igual importancia para mí, esa es mi fórmula para ser feliz, “vivir en dos mundos” como alguna vez lo dije.

Con esta respuesta puedo seguir esforzándome para escuchar cada día un poquito más sin abandonar mi mundo de las señas. Así pienso y siento hoy, mañana Dios dirá. La vida nos lleva por caminos que a veces ni imaginamos. Lo importante es seguir el camino que te hace feliz, sin descuidar a otros. Yo soy feliz, abandoné mis prejuicios, hoy puedo mostrar orgullosa mi implante y ya no me duele decir “prendan la luz que no escucho”. Cuánto he conseguido, seguiré luchando por mí, por los que quiero, en especial mis amigos sordos que serán tema de mi próxima entrada.

Mil gracias por el aguante. Los quiero mucho son mis amigos también. Un abrazo y hasta siempre.

Nota: En el mundo de las señas identificamos rápidamente a las personas por un apodo. Si la persona que llega al grupo no tiene uno, éste es decidido por los sordos. Se busca para aplicarlo alguna particularidad de esa persona, alguna diferencia física visible, un comportamiento, algún gesto repetitivo o una actitud. A mí me pusieron “Sonrisas”, debe ser porque ellos me sacan tantas jaja.

Una de las tantas (pese a que no son muchas) amigas que me ha dado el acceso a internet es Palmira. Su hija Hillary es sorda y con su madre compartimos temas que nos hacen pensar acerca de las dificultades del sordo. Ella me envió un testimonio, de Anabel, solamente reproduzco una partecita, la nota completa la pueden ven en: http://anabelchupete.blogspot.com/2008/05/rechazada-por-mi-silencio.html
RECHAZADA POR MI SILENCIO
Hola me llamo Anabel, soy una chica de 24 años, hasta aquí todo normal, lo único es que soy sorda. Mi vida ha tenido altibajos, pero últimamente lo he pasado mal. ……   Mis padres no paraban de ir de un sitio a otro para poder recuperarme. ……..   Cuando fui por primera vez al colegio yo iba contenta pero hay empezó mi calvario, ………    los profesores eran buenos y nos ayudaban mucho, los demás niños no. ……..   Un día mi madre escuchó a otra madre decir que a los niños sordos tenían que ponerlos aparte porque sino atrasarían a los demás, eso enfureció a mi madre que se fue derecha a hablar con el director. ……….   Cuando cambié y fui al instituto pensé que cambiaría algo, error, fue peor. Las humillaciones eran más grandes todos me rehuían, yo tenía una intérprete de Lengua de Signos, y a través de ella, mis padres se enteraron de que me quería matar. Hice un dibujo donde explicaba que quería morir. ………..   Aquello paso y cambié de instituto, nuevas ilusiones y fatal desencanto. ……….   En el 2006 me hice el implante coclear, no me ha servido porque no he puesto interés, no tengo con quién salir, siempre estoy en casa, ………    He intentado integrarme en este mundo y no me han dejado, quiero ser fuerte y valiente y a personas. Gracias a mis padres y mi hermano y a mis amigos sordos y oyentes que aunque sean pocos están ahí cuando los necesito.
Más allá de mi nota que sigue, quiero dar una respuesta a todos aquellos que con o sin razón nos quejamos, y quiero poner de ejemplo a una persona que admiro por su entereza. Es Nick Vujucic que con su testimonio de vida me deja sin palabras. Sin conocerlo puedo amarlo y solo quiero dejar una evidencia fotográfica de su vida. En Goggle pueden leer sobre él y escuchar sus sabias palabras.
En esta nota voy a hablar de un tema que a veces nos resulta difícil, o simplemente al que le huimos: se trata de situaciones y vivencias por las que nos ha tocado pasar alguna vez, no creo en excepciones ni que haya persona al menos discapacitada, que no le haya pasado. Volviendo a Anabel, veo tanto dolor, resentimiento y amargura en esta joven, que pienso cuán grande es el dolor de esos padres, como el de tantos otros. Personalmente, a modo de consuelo, se me ocurre contarles parte de mis experiencias, y la forma en que trato de llevar esa partecita mía, por si a alguien le sirve.
En este blog siempre trate de ser positiva, atenuando dolores y dando un poco de fuerzas a quienes las necesiten, pero obviamente cada uno tiene el derecho y la libertad de llevarlo según su criterio y convicción, yo en lo personal trato de ver las cosas de manera diferente, aunque los problemas más de una vez me superaron. La etapa más difícil fue en mi niñez y juventud y paso a relatar algunas de las tantas dificultades a las que sobreviví y que hoy tomo como hechos que me ayudaron a crecer.
Claro que la escuela es difícil y cierto también que hay personas crueles e insensibles, que no se detienen a ver el dolor que causan en más de una ocasión. Recuerdo de una: en los recreos del cole se tocaban dos campanas para regresar al aula, con la primera nos deteníamos en el lugar, con la segunda nos encaminábamos al aula, al tiempo que éramos controlados por la maestra de turno. En esa ocasión la maestra de turno desconocía mi discapacidad, y jugando a la mancha toco la primera campana y al no escucharla yo seguí corriendo. Como se supone que era una infracción, la maestra me llevó de una oreja y me pasó frente a todos mis compañeros. Según ellos, más de uno le gritó que yo era sorda, pero ella sin hacer caso en ese momento me dejó castigada una hora al sol no sin antes recriminarme y diciéndome vaya a saber cuantas palabras sin sentido que ahora creo fue mejor que no escuchara, ella estaba convencida que así aprendería la lección, y yo solo lloraba avergonzada, sintiéndome impotente y sin derecho a replicar ya que de nada serviría. Cuando llegué a casa no comenté nada por temor a otra reprimenda.
Este es solo un hecho de los tantos que gracias a Dios he rebuscado en mis recuerdos ya que considero que no ayuda mortificarse con ellos. Mejor me nutro de cosas y personas buenas que son lo que valen la pena. Y de cada mala experiencia rescato lo mejor. No hace mucho mi amiga Paula Vanesa (oyente y cantante) nos invitó a los sordos a participar de una actuación suya, para que hiciéramos algo en nuestra lengua, incluía una poesía hecha por el grupo y una canción que haría yo. Al momento de subir al escenario la comisión municipal dio la orden de que los sordos no participáramos, Paulita como buena defensora de los discapacitados, me arrastró hasta el escenario para que juntas la interpretáramos, ya que yo no quería. Un poco a disgusto empecé a cantar en señas, y pude ver en la multitud a mi amiga Gilda diciéndome con sus manos, ¡que hermoso! y sentí orgullo, fuerza y mi espíritu se elevó a lo máximo y pensé, mientras haya un sordo al que le guste lo que hago que importa la opinión de unos pocos.
Así como esa hubo otras situaciones, y en oportunidad de la actuación en la casa de la cultura pasó lo mismo, con esa misma comisión, pero en vez de caernos nos envalentamos apoyados por un grupo de amigos oyentes (bellísimos) que ayudaron y pudimos actuar. En esa oportunidad recuerdo que no permitieron que recibiéramos las flores que nos quisieron acercar (parece mentira pero es así).
Siempre hemos sido y seremos marginados, por una parte de la sociedad, pero yo apuesto a los que nos quieren y nos aceptan y olvido con facilidad estas situaciones, así me mentalizo para vivir mejor, y creo que me ha dado resultado. Como ya he dicho en otras oportunidades soy bastante crédula y soñadora sin importar que ya casi tengo 50 años, sigo creyendo en los milagros, mas la fantasía que le pongo a mi imaginación que es grande jeje hacen que por ejemplo esa música que me cuesta escuchar la sienta más bonita que los oyentes, -por mi predisposición—
Creo que son mecanismos de compensación de la discapacidad, y estoy segura que los ciegos con una imaginación como la mía ven los colores más bonitos y brillantes que nosotros los videntes. Muchas cosas podría contarles que seguro les costaría creer y entender, el poder de la mente es maravilloso. Creo que siempre zafé, en más de una, gracias a que vivía en las nubes; no obstante también tuve algunas desilusiones inventándome un mundo maravilloso, esto no significa que mi vida fuera un jardín de rosas. Más de una vez, como esta chiquita quise morir y también me planteaba porqué me había tocado ser diferente, pero bastaba cualquier oportunidad para creérmela y subirme al caballo jeje como digo yo. Cuando tenía 14 años entré a trabajar a una fábrica de frutas junto a mis hermanas; como íbamos juntas a revisación médica no fue difícil pasar ya que a las preguntas del médico respondían ellas, en la segunda temporada, o el médico estuvo más atento o se dio cuenta, el caso es que no permitió que respondieran por mí, eso hizo que no firmara mi permiso hasta que comenzara un tratamiento auditivo. Lejos de bajonearme sentí que tocaba el cielo con las manos, ¡Oh Dios!, sentí que él había escuchado mis ruegos y por fin me vería un especialista, que alegría, no les dije que siempre me las creía fácil? Qué bueno pensaba, creía que la sordera era igual a una angina, jaja me darían unas pastillitas y sería oyente. Siempre soñé con ese día, en casa nunca me habían llevado a hacerme ver, era otra época, éramos muy pobres, quizás también ignorantes, el caso es que como la sordera no duele (no físicamente), nunca me habían hecho ver, nunca cuestioné eso, tampoco lo voy hacer ahora. Si estaba bien o no Dios sabe y eso me basta. En ese momento estaba tan feliz, pensaba que se me habían acabado todos los problemas, sería oyente, igual a los demás y era lo único que me importaba. Con mis primeros estudios fui a la consulta médica, grande y triste fue mi sorpresa al enterarme que no tenía cura, es mas empeoraría. Creo que esa fue mi primera crisis, seguramente hubieron otras pero no como ésta .Creo que ahí mamá y papá después de dejarme llorar hasta cansarme y descargar lo que guardaba dentro de mí se dieron cuenta lo infeliz que me sentía. Fue bueno para todos, me apoyaron y consolaron de tanto agobio y amargura que sentía, y en la próxima visita al médico mi hermana Mecha me ayudó para enfrentar mejor las cosas. El médico sugirió audífonos y como ya dije que éramos muy pobres creo que no se pudieron comprar, tampoco puse mucho de mí para conseguirlos, ya que se los había visto a otra chica y me parecían horrendos y aún con audífonos ella era sorda. Seguí con mi vida, el médico firmó mi permiso para trabajar, con la sugerencia de hacerlo en lugares específicos y lejos de peligro, eso levantó mi ánimo, fue un alivio, no tendría que ir a la cosecha, la que no me gustaba y parecía ser el único trabajo en el que calzaba.
A esto hay que agregarle que más de uno persona cree que los sordos somos también lentos de neuronas ya que en más de una ocasión he visto gestos de ese tipo cuando se han dirigido a mí en situaciones en las que no entiendo nada. Un caso curioso me ocurrió hace poco, acá en Mercedes, una chica que estaba rindiendo las finales para trabajadora social, fue a entrevistar a mi esposo, en referencia a mi discapacidad jaja ahí me entero que también nos creen extraterrestres, imaginen que hasta le preguntó cómo era el sexo con los sordos.
Más de una vez salen estas charlas con mis amigas sordas, sobre las cosas con las que tenemos que lidiar desde siempre. El otro día me contaba una de ellas que cuando era chiquita en casa con su madre y hermana eran muy unidas, y siempre la situación se prestaba para largas charlas en las que obviamente ella quedaba descolgada, veía a su madre y hermana conversar y moría por saber, su madre se detenía cada tanto y le trasmitía parte de la charla, nunca quedaba satisfecha porque se daba cuenta que las charlas eran largas y a ella siempre se la hacían corta. Lo gracioso fue cuando ella tuvo sus propios amigos que compartían señas, su madre quería saber de que hablaban y ella se desquitaba haciéndosela corta también. Hoy adulta, tiene una hermosa relación con su madre y hermana, porque su mente también creció y te das cuenta que tampoco es fácil para el oyente., Al igual que yo, agradece cada minuto que nos dedican, si tenemos paciencia amor y sabiduría probablemente pudiéramos integrarnos mejor.
Un hecho concreto de ello, fue el comienzo del plan de inclusión social acá en la provincia de San Luis; la Sra. Sonia Farías profesora de LSA presentó un proyecto que incluía la integración de sordos y oyentes. Fue magnífico, la mejor experiencia de ese tipo que haya vivido. Al principio se palpaba en ambos grupos, el temor y desconcierto de si sería posible; algunos oyentes se acercaron por curiosidad, otros lo tomaron como un gran desafío y vaya a saber uno con que otras expectativas. A su vez los sordos también teníamos las nuestras, algunos reacios al acercamiento, quizás por temores a ser rechazados o por pasar situaciones a las que estamos acostumbrados. Para asombro de todos nos convertimos en un grupo fuerte, con lazos que aun hoy nos mantienen unidos a pesar de que nos separaron. A nosotros los sordos nos dio la posibilidad de creer que la integración es posible, sacamos ventaja del tiempo que pasamos juntos, aquellos sordos que no tenían lectura labial empezaron a entenderla.
Los oyentes pusieron fuerza y alma y nos dieron lo mejor de ellos. Alejandra Almirón la interprete más querida y solicitada por nosotros los sordos, aunque no hacía falta pedirle nada, Ale siempre estaba atenta de que estuviéramos informados, sin que nos perdiéramos de nada; también contamos con su amistad dentro y fuera del trabajo, y de su corazón grandote que hace que hoy le robe horas a su tiempo ayudando a algunos compañeros sordos que tienen otros problemas de salud y afecto. Pablo es otro amigo, ya saben de él pues siempre lo estoy nombrando, Nancy, la gran compinche, Paula, José Luis (Tato), Gus, Andrea, Romina, Julieta, Paola, Ariel, Miguel, Leticia, Andru, Analía, Rosa, Paola, Adriana, Lili, Rosita, Leo, Jorge, Kari, María, Marta y Valeria y a otras que llegaron después como Elba y Sandra. Siempre están ahí para nosotros, haciendo realidad el propósito de Sonia Farías y el sueño nuestro de integrarnos.
Lástima que como todas las cosas realmente buenas, se terminó, por determinación de quienes no supieron ni entendieron que le cortaban las alas a nuestra magia. A pesar de todo, seguimos soñando y creyendo que algún día podamos integrarnos de igual forma al mundo. Para eso sería importante empezar por hacer obligatorio la LS, con una ley que la respalde, pero una ley que se respete, no como por ejemplo la ley de transporte gratuito, que es una vergüenza; no es fácil conseguir los pasajes, y cada vez que los solicitas te miran como si estuvieras mendigando o directamente te los niegan, si a eso le sumas que hay que presentar una cantidad x de papeles justificando discapacidad. Qué ironía es este mundo, cuando buscas un trabajo o algo similar, no te hace falta ningún papel, no más te ven y ya te están diciendo que no podes por ser discapacitado. Bueno no los quiero cansar con negatividades, es por eso que traté de ser breve con las cosas que me pasaron a lo largo de mis años quizás en otra nota cuente mas.
Hablaba de las cosas que facilitarían nuestra integración, también sería bueno concientizar a esa parte de la sociedad que todavía nos rechaza. Si nos sensibilizáramos y solidarizáramos con aquellos que más lo necesitan, esos que luchan a diario con todo tipo de adversidades, entre ellos amigos que me comentan, que a veces las dificultades y los prejuicios ajenos son más difíciles de manejar que los propios. Sufren cuando su familia los presionan a disimular sus audífonos, que no se vean, a otros les privan de hacer señas en público, en definitiva que no  pongan en evidencia su sordera de la cual ellos se sienten avergonzados.
Muchos me preguntan cómo hago yo ya que se sorprenden que me lo tome en solfa (como dice Pepe), y que no me hago problemas por tales y cuales situaciones. Debo confesar que algunas quedan por ahí escondidas, otras ya las superé, fueron parte de una etapa que no quiero repetir. También los años cuentan jaja pero sobre todas las cosas, vivo más en paz porque en ello mi esposo y mi hijo son mi apoyo incondicional para que yo pueda llevar una vida plena y feliz aun con mis limitaciones. Yo os pregunto a quienes hacen víctimas de malos tratos a los discapacitados, que los avergüenza? no hace falta mucho para darse cuenta que vergüenza nos deberían dar otras cosas, que hoy en día se ven potenciadas como el corrupto, el ladrón, el pervertido, también el que discrimina y podría seguir la lista con otros ejemplos que vemos a diario. Yo les digo a esa minoría, porque son unos pocos gracias a Dios, que ustedes tienen una discapacidad mas grande “la ignorancia”.
Y a aquellas personas como Anabel que se sienten heridos y golpeados por esos pocos, que son más las personas magníficas que nos aceptan y nos quieren, que se  abran a ellos porque es triste que el dolor y resentimiento nos impida ver esa parte maravillosa de la sociedad que nos rodea y que es por la que vale la pena seguir luchando y creyendo.
Este es mi homenaje a Manos que Hablan
Un homenaje de Selva a sus compañeros del programa "Manos que Hablan". Los mejores momentos de una integración entre sordos y oyentes que es posible. Gracias a Sonia Farías que lo hizo posible y que lo defendió hasta el final. Un final que por suerte no ha sido tal, pues nos seguimos juntando. Un abrazo fuerte.


Hola amigas/os, acá estoy después de tomarme un tiempo que incluyó vacaciones, peleas con la obra social por mis baterías, y temas cotidianos normales pero que postergaron mi blog.

Aclaración de Hugo: debo confesarme ante uds ya que yo también tuve mi parte como “postergador”. La responsabilidad de subir las entradas y todos los aspectos técnicos del blog son mi labor, y he tenido mucho trabajo y en algunos momentos, pocas ganas. Cuando se pierde el ritmo por las vacaciones, que deberían ser mi estado natural, cuesta volver a trabajar. Sobre todo cuando se tiene una “jefa” como Selvita que no se conforma fácilmente. Mis disculpas para con aquellos que ingresaron al blog y se encontraron con que nada había cambiado.

Estas vacaciones fueron distintas, me tomé mi tiempo para disfrutar de todos los sonidos. Fueron unas “vacaciones sonorizadas” porque salí a disfrutar de mis sonidos, y me llené con todo lo que acaparaban mis oídos. A veces, en algún café me enganchaba en el ruido de la cucharita golpeando el pocillo. Es un sonido hermoso, y por momentos “me copaba” como dicen los chicos ahora y me daba cuenta de ello porque de pronto caía en cuenta que algunas personas me miraban con sorpresa. Jaja, me daba algo de vergüenza y dejaba de hacerlo pero ese ruidito seguía resonando en mi cabeza y me llenaba de satisfacción. Solamente una persona sorda puede entender que una cucharita y una taza pueden producir una mágica pieza musical.

También las charlas con mi familia fueron mejores, aunque debo confesar que después de los videos de Navidad algunos esperaban más de mí. A veces es difícil “cuantificar mis avances” porque no todos tenemos una misma vara para medir las cosas. Seguramente aquellos que no perciben mis avances no son conscientes de cuál ha sido mi punto de partida. Yo soy muy alta -si me mido con Carlitos-, pero muy baja si lo hago con Gus.

El blog es para mí algo de mucha responsabilidad, y siento el compromiso de ser absolutamente fiel con los temas de sordera porque sé que algunas personas que lo leen toman mis palabras como palabra sagrada o algo por el estilo. Y al igual que algunas personas con las que comparto momentos, seguramente aparecerá alguno que diga: música con taza y cucharita?

Puede parecer poca cosa, pero forma parte de un mundo de sonidos, pequeños, novedosos, intensos, confusos, feos y agradables, estridentes, desconocidos que cada día se hacen más identificables y que llenan mi duro mundo de silencio. Hacen ruido las hojas cuando las mece el viento, las cuerdas de la guitarra de mi hijo suenan todas distintas y también hacen ruido los autos que antes se me venían encima y yo ni enterada. Benditos sonidos que me cambiaron la vida.

Esto es lo que más me conforma, que no es lo que creo sino lo que la gente que me conoce dice, que ve un gran cambio de actitud en mi luego del implante. Estoy convencida que es así, y es bueno que mencione el otro cambio de actitud, el previo, el que ocurrió cuando acepté y dejé de sufrir mi sordera. Pero eso será tema de otra entrada.

Volviendo a mis vacaciones sonoras les cuento que me llené de las voces de mis hermanas, mis sobrinas y mi querido San Rafael. Puedo asegurarles que no todas las ciudades “suenan igual” y de ello dará fe seguramente mi implantada amiga Olivia: Oli, suena distinto Brasil verdad?.

Mis ojos siempre escucharon por mis oídos, los colores suenan distintos, las calles también y ahora puedo asegurar que las personas suenan distinto. Algunas me hacen gracia, otras me sorprenden pero todas son música para mis oídos. Y espero que quede claro que fueron muchos años de sorda, que sigo leyendo los labios, que sigo llevando mi libreta y mi lápiz para esos casos en los que no entiendo y en los que no quiero hacer perder el tiempo a los demás, y que dependiendo de la situación, sigo teniendo problemas, pero ¡gracias a Dios que tengo mi implante¡

Estas vacaciones me las pasé charlando, participando mucho más de las charlas cuando habían más de dos personas, me escuché todo y me alegré por ello. Seguramente me perdí otras tantas cosas, pero no me importa demasiado, me lleno con lo que escucho y estoy agradecida de ello. Los sonidos cotidianos hacen que dentro mío vibre todo como una música, aunque todavía me cuesta discriminar y entender los mil sonidos que me llegan, les puedo asegurar que estas vacaciones han valido la pena.
En esta entrada quiero aclarar muchos interrogantes que quedaron de la anterior “Vivir en dos mundos”. Creo que es importante para aquellos que están interesados en las necesidades del sordo y también para aquellos que intercambian ideas sobre oralización vs lengua de señas vs implante coclear, haciendo de esto una competencia que a veces viene acompañada de prejuicios e intereses personales y no da las soluciones que el sordo necesita. Lo ideal es ponernos de acuerdo en que todas son buenas y si están juntas mejor; yo como afectada directa estoy convencida de eso.
Para aquellos que no me conocen, soy sorda post lingual, o sea fui oyente hasta los 7 años, sin saber decir cuanto porque no me hicieron una audiometría en ese momento, aprendí lectura labial sin saberlo como medio de sobrellevar y esconder mi sordera, comencé a usar un audífono a los 23 años pese a que los médicos me lo habían indicado a los 15 años en ocasión de mi primera consulta médica por el tema, pero por problemas, que serán motivo de otro post, no tuve y me implanté a los 46 cuando tenía perdido, desde hacía varios años, el 100% de mi audición. Durante toda mi vida de sorda, fueron varias las oportunidades en que médicos y fonoaudiólogas se sorprendieron de “mi audición”. Evidentemente los mecanismos de compensación en mi funcionaron bastante bien. Cuento todo esto porque es importante para quien lo lea, sepa desde el lugar en el que estoy hablando.

El sordo oralizado “solamente” es aquel que pretende ser un oyente disimulado en un mundo oyente donde se evidencia rápidamente sin lograr sus propósitos. El sordo que domina ambas lenguas (oral y señas) lo vive generalmente sin complejos y logra mejores resultados. No entiendo las fricciones que a veces terminan en odios y discriminaciones que nos rodean a nosotros los sordos. Por un lado, los que no quieren y rechazan la lengua de señas y opinan sobre ella sin tener conocimiento (la mayoría no son sordos, o son profesionales que viven de la oralización -afortunadamente no todos-, o son familiares del sordo que no aceptan esta discapacidad -afortunadamente no todos-, o son simples opinantes), tampoco entiendo que por otro lado se opine sobre el implante coclear (a favor o en contra) sin saber exactamente cuándo, cómo, porqué y si debe realizarse, opinando por supuesto sin ser sordo o estar implantado o haberse informado adecuadamente. Lo mismo vale para aquellos que se oponen terminantemente a la oralización del sordo.

El otro día vi en un foro muchas opiniones de gente a la que le parecía una monstruosidad introducir un procesador en el cuerpo de un bebe o un niño y sugerían que lo correcto sería esperar a que esa persona fuese grande y decidiera si quiere o no hacerlo. ¡Qué bien!, lo aplaudo, no hay nada más valioso que la libertad de tomar nuestras propias decisiones. ¡Pero ohh!, usted no conoce nada de los inconvenientes que origina una sordera y cuando se es grande ya se pone en duda si el implante conviene o no a una persona prelingual (tengo tres amigos en estas condiciones que fueron implantados entre los 15 y los 18 años y sus experiencias han sido negativas puesto que ninguno de ellos usa actualmente su implante). Si se nació sordo y no se tiene conocimiento del lenguaje propio del mundo oyente, no sólo tiene que lidiar con el control de adaptación a ese nuevo oído (porque eso es un implante), en esa misma bolsa entran aprender a hablar, y entender cada palabra que nunca escuchó. Es algo así como nacer de nuevo cuando ya uno desarrolló mecanismos de compensación para defenderse en un mundo que (bastante) excluye a los sordos. Y con tantas cosas juntas, es muy difícil, -aunque no imposible-, lograr buenos resultados. Seguiré este tema en otro post.

Si yo, con la oralización y conocimiento del mundo oyente tengo serias dificultades para entender – discriminar, sonidos después de un año y medio de implantada, que queda para un sordo que no tiene nada de memoria auditiva. Como sorda que fui, soy y seré (aún con un implante) me gustaría tomar parte de la opinión pública de cómo nos afectan estas decisiones.

Personalmente creo que un sordo tiene que contar con todas las armas posibles: oralización, audífonos, lengua de señas, lectura labial e implante coclear si es necesario (en el caso de los sordos profundos) y toda herramienta que pueda servirle para defenderse lo mejor posible desde la más temprana edad. Si después, mayor, toma una decisión de optar por alguna solamente, nada habrá perdido, pero si la opción le llegó tarde, que puede decidir, nada.

La lectura labial es sólo una parte de la solución que se nos cae cuando interactuamos con más de 3 personas, y se hace dificultosa por mala pronunciación, también por mala modulación labial, poca iluminación, o porque no “pescamos a tiempo” el tema del que se está hablando y sólo es válida mientras se está frente a frente, cara a cara y a poca distancia. Ahí es donde el bilingüismo (lectura labial + señas) o mejor dicho el “trilingüismo” (lectura labial + señas + lectura corporal y gestual) se complementa para que la comunicación continúe funcionando sin dificultades y hace que el esfuerzo exclusivamente visual descanse un poco. Yo por ejemplo leo muy bien los labios, pero después de incorporar las señas le di un alivio a mis ojos que ya están cansados de ser explotados en tantos años de esfuerzo haciendo de ojos y oídos a la vez.

Lo que expreso no pretende ser una sugerencia, sino una opinión más, con la diferencia de provenir de una afectada directa y deseo informar a quienes estén interesados (partiendo de la base de que opino con conocimiento de causa y sin tomar partido por unos u otros), que lo hago por lo que creo nos viene bien a los sordos.

Si quieres implantar a tu hijo pensando que ya no será un discapacitado, si crees que es la solución total, estás errado; no va a ser así. Aun con implante va a seguir siendo sordo. Su silencio profundo seguirá estando cuando duerme, cuando se bañe, cuando esté en la pileta, y en otras situaciones donde deba guardar su implante para protegerlo. Ni pensar si éste se rompe (yo vivo con mucho miedo a que esto me ocurra).
Con esto no digo que el implante no sea conveniente, yo disfruto mucho de un mundo de sonidos maravillosos que solo alguien que perdió los oídos valora. Lo que quiero decir es que las dificultades continuaran en menor medida pero siempre estarán ahí. Conviene aclarar que los resultados dependen de cada caso individual y del lugar de donde se parte. No es lo mismo un implante en un sordo pre lingual que en uno post lingual; en un sordo pre lingual niño que en uno adolescente o adulto, en un sordo post lingual con pocos años de perdida total o en otro que casi ya perdió toda su memoria auditiva. Todo esto sin considerar factores ajenos al sordo como son los técnicos acerca de cuantos electrodos pudieron ingresar a la cóclea, que marca de implante se le proveyó, que dificultades accesorias tiene como osificación coclear y un largo etcétera.

Personalmente creo que lo mejor que nos podría pasar es aceptar al sordo como es, aportándole todo aquello que facilite su difícil camino. Creo que también es conveniente, antes del implante saber las consecuencias que esa operación puede acarrear en algunos casos, no en todos por suerte. Si me preguntan hoy, luego de mi implante, si me implantaría el otro oído digo no, rotundamente no. Perdí la sensibilidad de parte del pabellón de la oreja implantada, también perdí sensibilidad y gusto en la mitad de mi lengua, tengo sensaciones extrañas y dolor en la garganta y oído cada vez que me cepillo dientes y lengua, porque aparentemente quedaron algunos cables haciendo chispazos que interfieren ahí. Si implanto el otro oído y me ocurre lo mismo perdería el sentido del gusto y comer ya no sería placentero. Ni hablar de los otros y distintos inconvenientes que han experimentado otras personas que también fueron implantados. Yo soy grande y puedo expresar mis padeceres aunque de poco sirve porque eso no se recupera totalmente aunque algo se han atenuado esos inconveniente o yo me adapté a ellos (no estoy segura).

Los beneficios que me dieron cada una de las herramientas o accesorios que usé en esto de poder llevar mejor mi impedimento han sido muy buenos, y quiero comentar cada uno en particular.

Lectura labial: Creo que esta frase, muy repetida por mi cuando era pequeña lo dice todo: -¡!!! Mamaaaá prendan la luz que no escucho ¡¡¡. Cuán mágico era leer los labios y que increíbles eran los resultados, pero jaja, necesitaba la luz prendida. Era una solución pero no resolvía todo mi problema…..

Audífonos: Cuando me lo colocaron y salí a la calle corría como loca porque me parecía que todos los autos me iban a atropellar. La adaptación y la posterior dependencia de ellos hicieron que en más de una ocasión llorara cuando no los tenía. Pero mi sordera siguió creciendo …..

Oralización: como debí haber usado audífonos mucho antes, a los 23 hablaba como una niña de 5 años (memoria auditiva que la llaman). Audífono + ayuda profesional hicieron que creciera oralmente hasta los 23 años que tenía. Lástima, jaja, porque me gustaba que me miraran aunque halla sido porque hablaba extraño ….

Lengua de señas: me sacó de la soledad y depresión el sólo hecho de encontrarme con otras personas iguales a mi (esto también lo voy a desarrollar en otra entrada). Primero lo rechacé, luego me avergoncé de usarlo en público y finalmente me relajé, acepté realmente mi situación y mis ojos descansaron bastante y comencé a disfrutar de largas charlas ….

Implante coclear: ya no había audífono que me pudiese ayudar. Vamos por más, y pese a que comencé con muchas dificultades, hoy disfruto de los sonidos, algo de mi vieja música, una que otra palabra del tele, los si y no por el celular, pero tengo todavía muchas expectativas ….

Soy Selva, soy sorda, soy lectura labial, soy oralismo, soy señas e implante; o sea, llené mi cartón por ahora jaja. Pero por sobre todo, y seguramente gracias a todo y gracias a Dios, soy muy feliz.

Besos
Selvita
Voy a relatar una parte de mi historia, nací con una pequeña discapacidad auditiva, la que se potenció después de los 7 años porque el sarampión me golpeó fuerte y se llevó ese tesoro grande, que son los oídos. Pero aún podía escuchar un poco y me defendía bastante; lo más difícil de sobrellevar fueron los “propios prejuicios” con los que cargué por mucho tiempo y que hoy, gracias a Dios, vivo más en paz.

En el pueblo donde nací pocos sabían de mi sordera, siempre trataba de disimularlo haciéndome la antipática: si no saludaba a nadie no daba oportunidad de conversación y así era más fácil. Lo malo era que con esa actitud era una solitaria y moría por tener amigos y socializar con todo el mundo. Dolía mucho pero era demasiado sensible y llena de un estúpido orgullo, tan solo hacía falta que alguien me interrogara ¿sos sorda? para que me pusiera a llorar. La adolescencia fue peor, es más, cometí muchos errores por no enfrentar mejor las adversidades. Las frustraciones fueron muchas, estudiar era difícil, en lo laboral los sordos estábamos limitados a trabajos de bajo status e infinidad de cosas que hoy están cambiando. Los audífonos ayudaban pero no era suficiente y recuerdo aquí a una amiga hermosa que quiero mucho, Betsy Cano, que me sugirió en una ocasión que aprendiera LSA y yo que me cerraba y no quería aceptarlo. Unos años después, como ya conté al inicio del blog, me integré con otros sordos y fui aprendiendo señas.

Quiero contarle a quienes tienen un hijo, hermano, o cualquier familiar o amigo sordo que para mi sorpresa descubrí que el mundo de los sordos signantes es distinto de lo que muchos creen. Ellos no sufren como los medio sordos (o medio oyentes) que siempre añoramos y soñamos con los sonidos perdidos, en sus grandes comunidades también están más informados, se sienten libres y llevan una vida que para ellos es casi normal y en algunas ciudades, gracias a la difusión de la lengua de señas, pueden estudiar con el apoyo de un intérprete. Lamentablemente esto no es una generalidad, pero en algunos lugares hay muchos sordos, como varios de mis amigos, que siguen carreras universitarias (la formula: las señas y el intérprete, un poco de lectura labial, algo de lo que les da un audífono y mucha experiencia visual para entender lo que está ocurriendo).

Para que tengan idea de lo que estoy contando me tocó vivir una experiencia que me desarmó y reveló la importancia de las señas. En una presentación del Coro Manos que Hablan del cual también fui integrante, entre la muchedumbre que asistía, se destacó con crudeza la desesperación de un niño sordo de no más de siete años, el que se abría paso hacia nosotros arrastrando a su hermanita no mucho mayor que él porque había intuido que esas personas estaban comunicándose por medio de sus manos, era evidente que él lo había entendido y en su triste (y la nuestra) desesperación, quería saber cómo comunicarse como nosotros. Corría entre nosotros, nos tiraba de las manos, nos pedía ayuda; y nosotros, los del coro, llorábamos todos. No les puedo explicar la carga e impotencia que esa criatura guardaba dentro de si, un caudal de “cosas” que quería decir y escuchar estallaban a gritos y en su desesperación sólo podía llorar cuando entendió que nosotros nos íbamos a ir sin darle la mágica solución que esperaba. Nos fuimos muy tristes porque para c
olmo era un niño a cargo de una obra de caridad y evidentemente por su vestimenta y la de su hermana, de familia muy pobre y que seguramente estaban más preocupados por sobrevivir al hambre que a sus necesidades. Este niño es uno de los tantos que “viven” en similares condiciones: sin una lengua no hay un ciudadano. Reflexionemos como podemos hacer para ayudarlos.

Cuando cuento esta vivencia no dejo de llorar. Por eso, para alegrarlos y alegrarme les voy a contar de otro amigo, que hoy estudia en Italia. El nació sordo y ya de grande, se implantó; y contándome sus porqués, me apoyó con mi decisión al decirme que era una muy buena opción. Entonces le pregunté porqué no usaba el suyo (el MP7 como dice Pepe) y respondió que a él le fue fenómeno porque pudo oralizarse y adquirir la lectura labial que le estaba faltando lo que le ayudaba bastante en su comunicación con los oyentes, pero que se sentía más cómodo y tranquilo con las manos. -Yo nací con esto y me gusta más, así que después de aprender a leer los labios, lo guardé en un cajón y ahora voy más feliz por la vida sin complicarme.

Algo es muy claro los sordos prelocutivos preferentemente deben ser implantados a la más breve edad posible, deben ser necesariamente signantes y deben ser oralizados lo mejor posible. El tratar solamente de oralizarlos por parte de sus familias y profesionales médicos, incluso algo que les exige la sociedad, no les soluciona sus vidas sino la de los oyentes. El esfuerzo lo deben realizar los normo oyentes no los discapacitados. Pero así estamos.


Esto me lleva a expresar algo que me sorprendió muchísimos también, y es que la mayoría de las familias de los sordos no aprendieron la LS y con ello, o mejor dicho, por culpa de ello se pierden compartir “la vida de la persona sorda”, sus preocupaciones, alegrías, confidencias y las cosas cotidianas de la vida. ¡Mamá, Papá¡, no alcanza con que vos lo sobreprotejas y lo cuides como un niño; seguramente tu hija/o desea compartir, comunicarse, charlar armoniosamente con vos. Haz vos el esfuerzo y conviértete en un signante cosechador de las alegría del tuyo porque no es grato para un sordo “charlar” a los gritos, o con gestos desaforados y ridículos que no terminan de entender ni uno ni otro.
Ambos, pero más el sordo, termina por sentirse incómodo y evita todo lo que puede esas situaciones. Por eso, el mundo del sordo es su grupo de amigos sordos. Entre ellos comparten todo lo que no pueden hacer en casa. El sordo con lenguaje de señas tiene una postura diferente, su autoestima es más alta, se sienten más seguros, son muy divertidos y extrovertidos y cuando tienen confianza con alguien no signante, hasta le toman el pelo, se creen superiores. Es sumamente simpático y reconfortante verlos así.

Lo digo, como dice la propaganda en la tele, “porque yo estuve ahí”.

En realidad, sigo estando en las dos partes, soy mitad y mitad, tengo problemas en ambas, pero aunque en el medio, he encontrado mi lugar.
Voy a seguir hablando de esto
Seguramente tengo mucho más para contar en este aspecto. Ha sido algo muy importante para mi, pero acá sólo pretendo dejar un adelanto. Acá estoy con el Dr Mario Zernotti (mi cirujano) y el Dr Alejandro Nievas (mi médico personal).

Por supuesto, también registramos un momento muy importante, como fue el momento en que recibimos la confirmación de la Obra Social aceptando hacerce cargo de una parte muy importante de los gastos de mi operación.





Previa
Antes de la operación nos escapamos un buen rato, seguramente nos sirvió bastante porque estuvimos
distendidos




Operación
Se hizo larga por el miedo y la incertidumbre. Mi esposo dice que estuve 4 hs en la sala de operaciones. La realidad es que fueron dos horas esperando el quirófano, otra en cirugía y otra hasta que nos reencontramos.
Salí de la anestesia antes de volver a la sala, no tenia gran dolor pero sentía que perdía mucha sangre y no podía mover la cabeza, no se si era por la impaciencia, lo cierto es que no dolía (que buenas manos de los Drs Mario Zernotti y Fernanda di Gregorio).











Esperando la conexión
Qué largo fueron esos 30 días de espera, como ya conté fue una desilusión enorme darme cuenta que no seria fácil, me esperaba un gran trabajo para obtener resultados.
Eran prácticamente 40 años de hipoacusia severa que no cambian de un día para el otro.
Aparte del trabajo de recuperación con el cual todavía lucho, lo mas duro fueron los mareos, no podía caminar sola. Duraron más de dos meses, pensaba que no recobraría el equilibrio, mi medico se reía y me tranquilizaba, él sabia que no seria así.

Mi hermana Susy me ayudó con mi primer lavado de cabello


Trabajando para recuperar el oído
Es labor de mi fonoaudióloga, la Sra Alicia Pellegrini. En las primeras calibraciones no podía parar de reír, escuchar mi voz era lo mas gracioso que me había pasado. Que fea se escuchaba pero era bueno saber que la tenía.
Quería escuchar todo, al llegar a casa quise escuchar música aunque Alicia no lo recomendaba, era imposible, solo sentía como una vibración algo así como buuuuuuu, la tele nadaaaaa, la radio menos. Que mal viene esto pensaba, había que hacer muchos ejercicios para empezar a entender, parecía que nunca lograría nada, todo sonaba buuuuu. Pero en cambio un día, estando bajo un árbol, me sorprendí escuchando unos sonidos finitos e imagine que eran pájaros. Que raro pensé, hace mucho frio y pájaros no hay, igual mire hacia arriba y vi en el árbol un pajarito, fue maravilloso. Cada vez que veo pájaros salgo a escucharlos, mientras más hay mejor.


Luego vinieron las calibraciones, y ya era más divertido viajar a Córdoba. En la Plaza, con mi amiga Paula y con la Dra Fernanda Di Gregorio, una excelente persona.

¡Hola para todos!

Como habrán visto en mi banner, decidí poner “EnSeñas”. Porqué? Porque “EnSeñas” quizás haya sido el más grande de los motivos que me llevó a hacer este blog. EnSeñas es un grupo, un equipo de amigos, pero por sobre todo EnSeñas siento que soy yo.

Fui hipoacúsica (o como dicen mis amigos, medio sorda), hoy me considero sorda. Hace como 10 años perdí la totalidad de mis oídos y sentí que no me podía pasar algo peor. Me encerré en casa, me aislé y no quería saber nada con el mundo. Sólo existían para mí mi esposo y mi hijo. Aunque de chiquita aprendí a leer los labios, no me alcanzaba y entré en depresión. Justo en esos momentos, me llegó una oportunidad impensada. El Gobierno creó un plan de trabajo que por primera vez consideraba a discapacitados, adultos mayores y personas que no podían encontrar su propio trabajo, como ciudadanos con iguales derechos. Dentro de ese plan, estaba el lenguaje de señas.

Me horroricé, le decía a mi esposo yo nunca hablaré con las manos, pero la sabiduría y la paciencia de mis profesores Sonia Farias y Mariano Santillán y el encontrarme con otros sordos que hoy son mis mejores amigos, me hizo dar cuenta que no podía pasarme algo mejor. Fue magnífico descubrir que de lejos estábamos comunicados mejor que los oyentes; descubrí que Dios siempre te da una salida, sólo hay que buscarla.

Pero aun así sueño con escuchar, en especial la música. Me corren lágrimas cuando recuerdo lo maravillosa que era. Es así, que hace un año me hicieron un implante coclear, sentía que tocaría el cielo con las manos, es más, el día antes de la conexión le dije a Gustavo un amigo oyente: mañana te estoy llamando por teléfono. Cuán grande fue mi desilusión. Recuerdo como lloramos con mi esposo, sabía que tenía que hacer rehabilitación pero como era post locutiva estaba convencida que no sería necesario.

Cuando reaccioné me puse a trabajar en mi recuperación. Mucho he logrado, escucho los pájaros que nunca los había escuchado, me enteré que mi perra llora cuando llego a casa, pero sigo dependiendo del lenguaje de señas, es muy difícil discriminar, entiendo algunas palabras pero me es difícil armar oraciones, pero he ganado algo más de confianza y ya no temo tanto enfrentarme con desconocidos. Estoy logrando más por memoria, por ejemplo la música, que me gusta tanto, no se siente bonita, es como si fuera toda igual, no hay armonía en ella. Después de escucharla 1000 veces puedo seguirla, obviamente si el tema no lo conozco no entiendo. Tampoco puedo hablar por teléfono pero confío que en un futuro no muy lejano pueda lograrlo y si no es así, igual tengo mucho para ser feliz. Bendito sea Dios si el que sea sorda sirvió para darme cuenta de las grandezas del mundo, como por ejemplo “el lenguaje de señas”.

No nos aparten, no nos marginen, dejen que los sordos tengamos, como decimos orgullosamente, nuestro idioma.

Con mucho cariño.
Selvita
Con este blog me propongo que nos conozcamos y de paso compartir con ustedes vivencias mías que por algunos motivos resultan un poco insólitas y sorprendentes. Algunas maravillosas, otras no tanto, pero que todas, absolutamente todas, sirvieron en mi vida a lo largo de los años, -que no son pocos jaja-.

Actualmente vivo en Villa Mercedes, mi pueblo chiquito de San Luis, pero grande en afectos y emociones. Trabajo en el Plan de Inclusión Social con el que nos bendice el Gobierno sanluiseño, el que no sólo nos permite ganarnos el sustento, sino también nos posibilita -a los discapacitados- integrarnos e insertarnos en la sociedad. Todos los que trabajamos en el Plan estaremos eternamente agradecidos por esto, algo que no es fácil lograr en tiempos en los que las preocupaciones y las dificultades no lo hacen realizable.


Con que se van a encontrar en mi blog:

Mi familia: Mi esposo, Hugo, quien me acompaña en todo siempre. Cuento con su apoyo incondicional, es mi mejor amigo y mi compañero en la ruta. Mi hijo, Marcos Alan, es mi todo, me llena de dicha y satisfacciones y lo amo tanto que no hay imaginación que describa ese sentimiento. 
Las Reyes y El: Las Reyes son mis hermanas, -así nos llaman en familia-, y somos famosas por la buena onda y la joda que nos caracteriza. “el” es mi hermano, el mayor, la imagen paternal que todos necesitamos cuando ya no están nuestros viejos. Acá entran también sobrinas y sobrinos (son una tropa). La familia de mi esposo: Ellos comparten también momentos con nosotros, algunos están lejos, otros no tanto y algunos lejanos. Son parte de nuestras vidas y son la excusa perfecta para comernos un asadito cada vez que nos encontramos.

Mis amigos: No voy a nombrarlos ahora porque son tantos que podría olvidar algún nombre y sería imperdonable, pero los irán conociendo durante el tiempo que estemos conectados a través de fotos y momentos compartidos.

Bueno, y como esto es mío y hago lo que quiero jajaja, voy a escribir sobre cosas que me gustan, me marcan o simplemente porque sí. Voy a poner muchas fotos, algunos videos y espero que todos los comenten.

Besos a todos
Selvita

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Me gusta decir lo que mi corazón siente. Mi correo es: selvadelcarmen@hotmail.com
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