Viejito querido que desde el cielo me sigues acompañando, hoy te estoy escribiendo por ser el día del padre, pero lo cierto es que no me hace falta un día especial para recordarte, siempre estás aquí y aunque hace ya 29 años que partiste, mi corazón late muy fuerte mientras te escribo. Quizás de todo lo que he puesto, no te guste lo de viejito porque eras tan coqueto y te gustaba verte joven y fuerte. Me parece sentir tus manos surcadas por venas gruesas tan iguales a las mías. Papá tuve la dicha de sentir un amor previlegiado de tu parte, eras el que me sentabas en tus rodillas para darme algún consejo y también para secar alguna lágrima producto de alguna tristeza que hacias desaparecer con tus sabias palabras, el que dentro de la pobreza de las circunstancias se las ingeniaba para alegrarme la vida construyendo algún trencito con latas viejas, con otra un regador con el cual con orgullo te ayudaba, o una pelota de trapos.

Recuerdo con tanto amor esas noches en la cocina, sobando cueros a la luz del candil, cuando la lámpara no funcionaba o el kerosen era poco; yo quería ayudarte pero era duro ese trabajo y había que ser entendido para hacerlo, pero que bello era terminado, nunca ví lazos con mas detalles que los que vos preparabas.

El madrugar era un hábito en tu vida, te encantaba empezar el día mateando con tortas al rescoldo, esas que hacía mamá, los cerdos comian temprano y las gallinas no podian esperar, los perros te seguian en cuanto te veian con la olla vieja curtida de tantos fuegos. Se me hincha el pecho padre cuando recuerdo lo querido y respetado que eras en aquel pueblo. No hiciste ni segundo grado pero mas de uno se sacaba el sombrero cuando te escuchaba o escribias alguna nota para el Jefe de Riegos.

Siempre te preocupaste por aprender lo que lo que el destino no te daba. Ni hablar del esfuerzo que hacias para que no nos faltara el pan en la mesa, 11 hijos no deben haber sido cosa facil. Todavia veo el brillo de tus ojos el día que compraste el rancho a Renato, era de pichana, barro y puerta de latas, te acordás, solo una cocina y un dormitorio que dividiste para preservar tu intimidad con mamá. Y poco a poco fuiste levantando la casa nueva, cocina, comedor aparte y tres dormitorios, todo un lujo comparado con el rancho. Se hacian pocas las manos para tanto trabajo si hasta Dorita y yo que eramos las mas chicas serviamos para pasar ladrillos, recuerdo que era agosto cuando nos mudamos hacía mucho frío todavía y faltaban los vidrios a las ventanas, les pusiste plastico transparente. Pero había piso “la pucha” eso si que era bueno no tendriamos que barrer sobre tierra húmeda. Para vos fue el mayor logro.

Pienso lo dificil que fue tu vida, viejo querido que te criaste solo practicamente allá lejos en el campo al cuidado de algun paisano que te daba techo a cambio de algunos mandados. Me duele el pecho recordando la historia de labios de mamá, esperaste varios años esa carta de la abuela que mandaría a buscarte cuando a ella le fuera mejor en el pueblo. Y esa carta llegó cuando ya tenias 9 años e hiciste un camino de muchas leguas por dias largos pero lleno de gozo. No habías sido abandonado, la abuela te estaba esperando, en ese camino te alimentabas de algún conejo que cazabas cuando la suerte te ayudaba. Como no creer en Dios si te cuidó para que llegaras vivo a destino, con tan solo un morral con trapos viejos. Hoy recuerdo todo eso papá, nunca tuvimos luz electrica, ni tele ni heledera, había que conformarse con una fiambrera para que la carne estuviera aireada, pero como disfrutabas de aquella radio vieja. Hoy las cosas han cambiado sabés, yo tengo luz y agua potable y cosas que ni imaginas, como tecnología nueva, pero estoy segura que si bajaras y vieras ahí mismo querrias irte  de nuevo ya casi no existen los consejos de los viejos, tu grandeza y el amor que nos dejaste de herencia llena de recuerdos imborrables que atesoro de esos tiempos y una sola foto desteñida por los años, no había plata para eso y un mundo de vanidades no nos hace falta viejo. Hoy Hugo compensa esa parte mira cuantas fotos tengo acá, las retoca y les pone fondos mágicos como me gustan a mí, pero quedate tranquilo, que sigo siendo la misma, es solo papel pintado.

Ya sé como vos decias que en las cosas simples está el secreto de la felicidad. Como aquellas noches en que el calor nos sofocaba y vos ponias los pellomes en el patio y nos dormiamos cara al cielo contemplando las estrellas. Hoy tu nieto se maravilla cuando le cuento de aquello, se asombra y urga en mis recuerdos queriendo saber mas. Como a mi a el le gustan los perros y se emociona cuando le cuento de “bobi” ese perrazo que debiste sacrificar porque se puso rabioso y te arrancó lágrimas al hacerlo. Después viendo la letra de esa milonga de Argentino Luna “malebo” veo el vivo reflejo de la historia de “bobi”, ni que te hubiera conocido viejo. Marcos sabe tanto de ti por mi caudal de recuerdos y solo puede decir ¡Que groso que era el abuelo!

Marcos, mi Padre y yo

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