Hola, feliz de compartir nuevamente con ustedes.

Vuelvo a mis 23 años, -casi ayer jeje-, después de haberla remado por muchos años con muchas dificultades, me convencí que quizás el audífono no era tan feo, y decidí aceptarlo, fue magnífico todavía me acuerdo era un “Widex A12” no sé si todavía existen, lo conseguí por el Ministerio de Bienestar Social. No podría olvidar esos detalles si ahí fue donde conocí a mi esposo, él tenía una representación de Widex. Fue muy simpático cuando nos conocimos porque yo estaba en la recepción hablando del tema con su secretaria y él, de una oficina contigua me escuchaba, ya que hablaba fuerte y según él tan gracioso que no pudo contenerse diciéndose, tengo que conocer a esa personita, imaginen tenía 23 años y hablaba como de 5, y ¡wow! quedó flechado con la “sordita” jaja, (lo puse entre comillas porque no me gusta), suena lastimoso prefiero sorda y en esto coinciden mis amigos que opinan igual jaja.

No esperé mucho, a los dos meses me avisaron que había llegado. Cuando me lo pusieron fue mágico, escuchaba sin leer los labios, jamás lo olvido, vivía molestando a todos, habláme de atrás a ver si escucho, desde la otra habitación, de la calle…... Realmente no lo podía creer y me arrepentí por todos esos años perdidos sin usarlo. Salir a la calle era terrible, sentía que los autos me atropellarían si no cruzaba corriendo, hacía muchos papelones por temor. Aun con todas las ventajas que me daba, luchaba con los prejuicios que tenia a esa edad, me parecía horrible visualmente y no quería que nadie lo viera aunque era evidente el cambio para los que me conocían, muchas veces quise prescindir de él, como si me revelara a usarlo e intentaba dejarlo pero eran tantos los tropiezos que volvía y me lo ponía ¡uff! qué alivio y ahí creo empecé a amarlo (dicen que el amor a veces nace de la necesidad).

Con el audífono fue así no lo dudo. Cambió mi vida, fue la época que mas disfruté de los sonidos, y éstos mas la lectura labial que había desarrollado increíblemente, hacían que pareciera oyente y así me sentía, escuchaba la música, el teléfono, las voces graves las escuchaba perfectas ya que agudos nunca tuve. También con ayuda profesional empecé a hablar mejor, veía que ya no me miraban sorprendidos cuando hablaba. Era feliz y creo que se lo decía a todo el mundo.

Debo aclarar que no todas las personas obtienen el mismo resultado al escuchar mediante un audífono, algunas con menos discapacidad que la mía no consiguen los mismos resultados. Tuve la suerte de ser de esas (pocas) personas que logran magia con él, que felicidad!

Como ya saben, ese 10% que escuchaba más lo que me daba el audífono que era mucho para mí, se fueron esfumando y volví a tener serias dificultades. A los 34 años los médicos ya me hablaban de la posibilidad de un implante, pero no era fácil, es una operación muy cara y las posibilidades de conseguirlo eran escasas.

Casi sin darme cuenta, me volví solitaria, no me gustaban las reuniones, me aburría y solo disfrutaba de aquello que visualizaba. En una oportunidad mi esposo quería ir al teatro a ver a “Les Luthiers” y nunca hacía nada que no pudiera compartir conmigo, decidí acompañarlo, él merecía mi esfuerzo, pensaba que si me concentraba en las luces y lo visual no sería tan malo, fue un fiasco, el espectáculo de “Les Luthiers” no tiene nada de luces ni de visual, hay que escucharlos, según parece son muy buenos y graciosos. En la oscuridad de la butaca miraba como todos se descostillaban de risa y me sentí invadida por la amargura de no escuchar, y me puse a llorar en silencio, quería salir a tomar un café y ver la gente pasar, eso era maravilloso para mí y lo sigue siendo, pero no quería arruinar la velada a mi esposo, igual se puso triste cuando salimos y se dio cuenta, que precioso me acuerdo que me dijo, nunca más gordita no me hace falta el teatro para ser feliz, vamos a un café.

Con esa actitud, seguramente hacía que mi esposo y mi hijo se adaptaran a mis costumbres, privándose de otras que seguramente disfrutarían. Aunque no todas eran desventajas para ellos jaja, en casa a veces se vivían situaciones que para otros serian desopilantes, en un mismo ambiente mi hijo escuchaba música o tocaba la guitarra mientras Hugo trabajaba en la compu y yo veía tele sin sonido y ahí nadie molestaba a nadie. Hoy eso está cambiando después del implante.

Obviamente en mi interior tenía anhelos de otras cosas y ahí es cuando conozco a la comunidad sorda. Así como dije que mi mejor época en el mundo de los sonidos fue cuando tuve el audífono, la mejor de sorda la pasé cuando me integré con los sordos, volví a ser feliz, cuanto teníamos para compartir, era dichosa, pero de esto hablaré en otro post.

Cuando tuve la posibilidad del implante, lo que más me atraía era la posibilidad de escuchar la música, ya que siempre cantaba en señas y pensaba, que si la escuchaba, me sentiría completa, porque amo la música, cosa que no puedo compartir con mis amigos, a ellos no les interesa mucho porque nunca la escucharon y no tienen idea de lo maravillosa que es, quizás sea mejor, para que añorar lo que no se puede tener. También pensé que el implante sería bueno por mi familia, si lograba escuchar compartiríamos mas, los había abandonado un poco por ese mundo nuevo y bello que había encontrado.

Hoy implantada puedo volver a integrarme de alguna forma con oyentes. Y me gusta, pero ahí dentro mío sentía un desosiego que no podía descifrar y leyendo el blog de Olivia que es una amiga implantada, encontré respuesta a esos ecos interiores, ella le ha puesto toda su pila al implante y ha tenido grandes logros, ayuda y da fuerzas a aquellas personas que deciden implantarse. A Oli le sugirieron las señas antes del implante, y en un pasaje de una nota suya dice “ Y para qué? Para hablar con quien? No conozco sordos, tengo que borrar a todos mis amigos y conocidos y empezar de nuevo?. No lo deseaba……”. ¡Ohhh! he aquí la respuesta, eso me está pasando a mí; prácticamente todos mis amigos son sordos y los oyentes saben señas, no puedo dejar todo eso pero también me encantan los sonidos y quiero logros para tener una mejor comunicación con mi familia que es oyente y creo que se merecen que siga esforzándome.

Cuál es la solución?, ya tengo la respuesta “en el medio” ese es mi lugar. Quizás mi recuperación sea más lenta, quizás no sea el camino más fácil, es difícil equilibrar en dos fuerzas tan distintas pero de igual importancia para mí, esa es mi fórmula para ser feliz, “vivir en dos mundos” como alguna vez lo dije.

Con esta respuesta puedo seguir esforzándome para escuchar cada día un poquito más sin abandonar mi mundo de las señas. Así pienso y siento hoy, mañana Dios dirá. La vida nos lleva por caminos que a veces ni imaginamos. Lo importante es seguir el camino que te hace feliz, sin descuidar a otros. Yo soy feliz, abandoné mis prejuicios, hoy puedo mostrar orgullosa mi implante y ya no me duele decir “prendan la luz que no escucho”. Cuánto he conseguido, seguiré luchando por mí, por los que quiero, en especial mis amigos sordos que serán tema de mi próxima entrada.

Mil gracias por el aguante. Los quiero mucho son mis amigos también. Un abrazo y hasta siempre.

Nota: En el mundo de las señas identificamos rápidamente a las personas por un apodo. Si la persona que llega al grupo no tiene uno, éste es decidido por los sordos. Se busca para aplicarlo alguna particularidad de esa persona, alguna diferencia física visible, un comportamiento, algún gesto repetitivo o una actitud. A mí me pusieron “Sonrisas”, debe ser porque ellos me sacan tantas jaja.

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